Caminaba por un sendero de extrañas sombras. Tenía miedo, lo confieso, pero era más fuerte esa esencia que sin yo pensarlo me arrastraba hacia ella.
Era como si no fuese yo quien anduviese por ese camino, siguiendo la huella invisible de alguien que nunca pasó. Como si sólo mis sentidos captasen la luz que iluminaba el camino correcto para llegar.
La brisa era suave, pero lo suficiente para levantar levemente mis cabellos hacia delante, como empujándome a ir más deprisa.

Du Cristal, Manuel Broto,1995
Mi mente era confusa y mis razonamientos sin sentido, pero mi corazón era fuerte y estaba alegre. Había un brillo especial en mis ojos.
Aquel túnel desconocido se estaba cerrando. De repente la luz del día lo iluminó todo. Subió el rubor en mis mejillas. Me desperté. Lo besé y todo fue maravilloso.
