
Casualidad, curiosa palabra.
Hace ya algunas semanas estaba leyendo un libro
El invierno en Lisboa, de Antonio Muñoz Molina . No sé si lo conocéis. Es como una película de cine negro, de las antiguas. Un hombre, una mujer fatal, un amor imposible, los buenos, los malos, la muerte, la soledad... y el Jazz.
Estaba inmersa en ese mundo imaginando noches en un club oscuro, lleno de humo y con la gente siguiendo el ritmo de la música con la cabeza, con los pies...con el alma, cuando llegaron a mis manos unas entradas para un concierto de Jazz. Se trataba de
TERENCE BLANCHARD . Nunca había oído hablar de él.

El día del concierto no había sido un buen día, así que tentada estuve de no ir. Al final, aunque no con mucho ánimo, asistí. Resultó ser un músico excelente. Su música me invadió completamente y aunque no era un club nocturno (era un teatro) y no había humo (por eso de la ley antitabaco) yo cerré los ojos y me sentí como un personaje de una novela, como una actriz de cine viviendo un amor imposible... siguiendo el ritmo de la música.
Al llegar a casa terminé la lectura del libro. Me alegré que esos dos acontecimientos, acudir al concierto y leerme el libro coincidieran en el tiempo, ya que pude a recrearme y disfrutar de ambos de una forma más intensa. Especial.
¿Casualidad? No lo creo.